Entrevista
Leer en papel en 2024: resistencia o nostalgia
Libreros y lectores de Soriano hablan sobre hábitos, pantallas y el peso de un libro en la mano.
La librería La Paloma, sobre la rambla de Mercedes, lleva abierta desde 1997. Su propietaria, Elena Fagúndez, no usa redes sociales para el negocio y no está segura de si eso la perjudica. «La gente que quiere libros sabe dónde encontrarlos», dice, y la fila del sábado a la mañana parece darle la razón. Entrevistamos a cuatro libreros del departamento de Soriano y a doce lectores de distintas edades para entender si el libro físico atraviesa una crisis genuina o si el discurso del fin del papel es, en gran medida, un fenómeno metropolitano que no describe lo que ocurre en ciudades de escala humana. Los datos del Sistema Nacional de Bibliotecas muestran que los préstamos físicos en Soriano cayeron un 18% entre 2019 y 2022, pero se recuperaron parcialmente en 2023. Esa recuperación coincide con el período pospandemia y con la apertura de dos espacios de lectura comunitaria en barrios periféricos de Mercedes. No es un rebote suficiente para hablar de auge, pero tampoco respalda el relato del colapso.
Entre los lectores entrevistados, los menores de treinta años no describieron el libro físico como una elección ideológica ni como resistencia cultural. Lo describieron como preferencia sensorial: la ausencia de notificaciones, la posibilidad de subrayar sin abrir una aplicación, la sensación de avance tangible. «Con el teléfono siempre siento que podría estar haciendo otra cosa», dijo una estudiante de dieciocho años que lee una novela por mes. Esa frase no es una declaración contra la tecnología; es una descripción honesta de cómo funciona la atención. Este artículo no concluye que el papel ganará ni que perderá. Concluye que la pregunta misma —«¿resistencia o nostalgia?»— puede ser demasiado binaria para capturar lo que realmente está pasando en las librerías y las bibliotecas del interior uruguayo.
